EDITORIAL: Edificando la Iglesia de Cristo

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Así también ustedes, puesto que anhelan dones espirituales, procuren abundar en ellos para la edificación de la iglesia (1 Corintios 14:12 NBLH).

Recientemente, mientras me encontraba en una reunión de pastores locales, alguien mencionó que se iba a desarrollar un programa cuya intención principal, era la de discipular a jóvenes. Esto se lograría por medio de la realización de ciertas actividades trimestrales conjuntas de ayuda, para las iglesias del área. Consecuentemente, esto me llevo a pensar en la importancia del discipulado en lo que respecta a la iglesia local. Inmediatamente, recapacité en la manera en que la iglesia local está siendo intencional con esta tarea tan crítica y transcendental.

Aunque podemos apreciar la ayuda que una organización para eclesiástica puede brindar a la iglesia local, por medio de sus actividades y recursos. No obstante, la comisión de discipulado es la tarea primordial, cardinal y objetiva de la iglesia local (Mateo 28:18-20; 2 Timoteo 2:2). La tarea del discipulado, en la narrativa del Nuevo Testamento, siempre aparece en relación con la iglesia local (Hechos 14:21-22, 28). Esto puede ser claramente observado en el ministerio misionero de Pablo. El Doctor Lucas nos dice “Y se congregaron allí todo un año con la iglesia, y enseñaron a mucha gente; y a los discípulos se les llamó cristianos por primera vez en Antioquía” (Hechos 11:26 RVR1960). Como notamos, discípulos fueron originados por medio de la enseñanza de la Palabra de Dios, en el contexto de la iglesia de Antioquía.

De modo, que con seguridad podemos asumir que el propósito de Dios, es que nuestros discípulos en general, entiendan como están interconectados con un propósito mayor a sí mismos. Este propósito, es el cumplimiento efectivo de la gran comisión y la centralidad de la iglesia local (1 Timoteo 3:15; 4:12; 2 Timoteo 4:5). De hecho todo ministerio de la iglesia local, llámese sociedad de jóvenes (i.e., clubes bíblicos), jóvenes mayores, jóvenes casados, matrimonios, adolescentes, niños, grupos pequeños, programas de educación teológica, etc., harían bien en fomentar la coordinación entre dichos grupos y la iglesia local. La misma que es un cuerpo y una comunidad intergeneracional y multigeneracional.

No obstante, en algunos casos se podría generar la tendencia de pensar que determinado grupo de ministerio particular es el mejor de la iglesia, y que determinado líder es superior o más agradable o articulado que otro (1 Corintios 1:12; 3:4). Sin embargo, dicha mentalidad es divisiva y es digna de desecharse (1 Corintios 1:10, 13). Cristo es la cabeza de un cuerpo espiritual (i.e., la iglesia), el cual está conformado por muchos miembros y este no puede estar dividido (1 Corintios 12:12).

La iglesia local debe ser el objetivo central, que dichos grupos de ministerio, intentan edificar. Dichos ministerios de la iglesia, deben concebir que aunque cooperan y conviven en sus grupos particulares, estos deben de servir a Cristo en el contexto mayor, de su iglesia local. Siempre debemos recordar que Cristo dijo “edificaré mi iglesia” (Mateo 16:18). De manera, que a todo ministerio de la iglesia local le incumbe percibir que el propósito de estos grupos, posee una intención misional. Esto es el alcanzar a personas para Cristo, que otros no podemos alcanzar. No obstante, el objetivo principal sigue siendo la edificación de la iglesia de Cristo (1 Corintios 14:5).

Procuremos pues la edificación de la iglesia local, con intencionalidad y objetividad (Romanos 14:19; 15:2).

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